Cinforoso se levantó exaltado, creyó que perdería el gusano de las 7. Por primera vez en todos sus días de vida desayunó semillas de tomate rojo con leche, pues se había cansado de comer las picantes semillas de pimentón. Al terminar se dio un corto baño y se hechó la loción que estaba de moda y había comprado el día anterior por 72 tomaginas, la Tomate Hilfiger.
Salió corriendo de su casa y llegó al paradero de gusanos justo cuando pasó el gusano que lo llevaría a la universidad Hortaliza.
Se montó y después de pensar lo caro que estaba el transporte público pagó 2 tomaginas.
Este gusano era mucho más cómodo que los que habían en su anterior tomate. Este era más pequeño y no montaban a nadie a menos que hubiera un puesto disponible. En su viaje a la U de H, vio el paisaje que no había podido detallar por estar peleando con sus padres por haberse pasado a otro tomate. Definitivamente este tomate era mejor, aunque no estaban sus viejos amigos, se dio cuenta de que la gente era más amable, supuso que era porque todavía el paisaje era verde, no se preocupaban por los hongos que destruían las casas, además de que ni se imaginaban en convertirse en ensalada de un día para otro por el hecho de que el tomate todavía estaba muy verde. Con cada minuto que pasaba, Cinforoso se convencía de que la decisión que habían tomado sus padres había sido la mejor. Pero en ese instante, y como cuando los sueños se convierten en pesadilla, se montó al gusano un Pulgón con un spray de Baygon, y al no recaudar la cantidad de tomaginas que deseaba roció a todos los pasajeros. Algunos quedaron heridos pero Cinforoso no corrió con esa suerte. La noticia salió en todos los canales locales, desde TomaTV hasta Teletomate y también en todos los diarios del tomate, incluso en el reconocido “The hortalizas times”.
Los sociólogos piensan que esta oleada de violencia se debe a que el tomate crece cada vez más y los efectos de la maduración ya están empezando a hacer estragos en el tomate.